¿De qué economista debemos fiarnos?

blac swan

En una entrevista realizada a John Kenneth Galbraith (reproducida  en el libro “Almost Everyone´s Guide to Economics”), tratando la cuestión de las múltiples teorías económicas que ofrecen explicaciones y recomendaciones de política a menudo contrarias entre sí, la periodista preguntó a Galbraith  “de qué economista debía uno fiarse”.

El economista canadiense, con su perenne sagacidad, contestó rotundo: “No le quepa a usted ninguna duda. Debe hacerme caso a mí, naturalmente”.

La imposibilidad de los economistas, primero, de ofrecer una explicación realista al origen de la crisis, y segundo, de plantear las recomendaciones de política económica necesarias para mitigar sus efectos, tiene su razón de ser en una errónea metodología a partir de la cual muchas de las premisas adoptadas no se corresponden con la particular naturaleza de los fenómenos económicos.

Por ello, cuando el economista “A” defiende los planes de gasto público con una regresión estadística que respalde sus argumentos frente al economista “B”, el cual le refutará con otra regresión para justificar los planes de austeridad, se está produciendo una muestra del estado de crisis que asola a nuestra ciencia, cuando se enfrentan posturas meramente ideológicas en lugar de atender a los problemas con carácter crítico.

Un análisis de esta controversia puede ayudarnos a entender la complejidad de los fenómenos que estudian las Ciencias Sociales y que, tal y como postulan muchos investigadores, exige que el método de investigación haya de ser distinto del método aplicado en  las Ciencias Naturales o experimentales. Esta postura, denominada dualismo metodológico, confronta con la posición de otra gran parte de los científicos que  afirma, en cambio, que únicamente puede haber un método científico de investigación (monismo metodológico), que es el aplicado en las ciencias experimentales. De esta manera, todo aquello que no pueda ser explicado por la experimentación o por contraste empírico, no puede considerarse ciencia, sino pura metafísica.

El filósofo Karl Popper, probablemente la voz más reconocida en el terreno de la epistemología y filosofía de la ciencia, fue el máximo exponente del monismo metodológico. Con la constitución del Círculo de Viena, la lógica positivista inicial que impuso el método experimental para todas las ciencias estaba imbuida por el inductivismo, el cual obtiene teoría o hipótesis generales a partir de un cierto número de observaciones o experimentos particulares.

Con la publicación de su obra “La Lógica de la Investigación Científica” en 1934, Popper se plantea redefinir los límites del inductivismo hacia un positivismo más sobrio:

Resulta fuera de lo obvio, desde un punto de vista lógico, que podamos justificar proposiciones universales a partir de observaciones particulares, sin importar lo numerosas que éstas puedan ser. Cualquier conclusión extraída de esta manera siempre puede resultar falsa: no importa cuántos ejemplos de cisnes blancos hayamos observado, ello no confirma la conclusión de que todos los cisnes son blancos”. (Logic of Scientific Knowledge. Traducción propia).

Por tanto, rechazado el inductivismo, Popper propone un nuevo modelo basado en el criterio de falsación: para cada teoría planteada por el investigador, sus conclusiones serán contrastadas por la evidencia empírica. Si la evidencia no encuentra razones para descartarla, la teoría será aceptada provisionalmente. Por el contrario, si las conclusiones de la teoría son falsadas por la evidencia empírica, entonces la teoría resulta falsa. Es decir, la evidencia empírica no podrá verificar ninguna teoría universal a partir de un número finito de observaciones o experimentos. A lo sumo, la evidencia empírica podrá aspirar a contradecir o falsar dicha teoría o proposición universal.

Siguiendo el ejemplo de Popper, el investigador no puede verificar la proposición de que todos los cisnes son blancos, ya que es imposible realizar una observación de todos y cada uno de los cisnes que existen en el mundo. Sin embargo, sí podremos falsar la proposición de que todos los cisnes son blancos, y lo haremos en el momento en que observemos un cisne negro, tan sólo uno.

El criterio de falsación de Popper presenta muchas críticas, como puede ser el hecho de que cualquier teoría estará siempre subordinada a un test o contraste empírico que hasta la fecha no encuentre razones para descartarla. La inconsistencia del modelo se produce en el momento en que planteásemos someter el criterio de demarcación popperiano al propio criterio de demarcación popperiano.

Sin embargo, Popper da una importante lección a quienes creen que con una regresión estadística creen poder probar una teoría.

Otros autores, como el físico Thomas Kuhn, Max Weber y especialmente los economistas de la escuela austriaca, han realizado aportaciones muy interesantes que advierten que el proceso de investigación señalado por Popper es en realidad mucho más limitado.

Esto se debe a la subjetividad inherente que rodea al observador (y a la vez, observado) en las ciencias sociales. Los fenómenos sociales no son a menudo tan regulares como a los economistas nos gustaría que fueran. De hecho, la incertidumbre es un factor que siempre está presente en el comportamiento humano, lo cual implica que el concepto de probabilidad de tipo bayesiano (caracterizada por la frecuencia y causalidad) aplicado en las ciencias experimentales no tenga cabida para el caso de las ciencias sociales.

Por ello es muy común que los economistas seamos siempre muy buenos prediciendo lo que ocurrió ayer.

El principal reto de la metodología de las ciencias sociales es analizar el verdadero papel que juega la teoría. Sabiendo que los datos que podamos observar no sólo no son inequívocamente estables (como afirmó Kuhn), sino que además dicha observación está imbuida de un mayor o menor grado de subjetivismo por parte del observador (en base, por ejemplo, a su particular criterio de observación, muestreo, relaciones de causa, análisis y contraste, etc), resulta necesario una teoría siempre previa para articular toda la información estadística correctamente.

La teoría se constituiría como una estructura  o andamiaje  previo sobre la que el investigador dará una interpretación coherente a los datos que observa. De nada nos sirve la estadística si no disponemos de unos fundamentos teóricos que nos permitan entender, dominar y, hasta cierto punto, predecir los fenómenos sociales con certeza.

Quienes rechazan la teoría y se empeñan en dar un significado a posteriori a las correlaciones que puedan hallar, caen en graves contradicciones.

El mero hecho de realizar una correlación estadística implica que exista necesariamente una función con variables endógenas (o explicadas, aquellas que son influidas por, o pueden influir en otras variables) y variables predeterminadas (por lo general exógenas, que influyen pero no son influidas por otras variables). Esta función jamás está dada, sino que es definida por el investigador, asignando las variables que él considere oportunas (y restringiendo otras), así como sus respectivos coeficientes de proporcionalidad, sus relaciones, etcétera. Este ejercicio siempre supone un punto de vista o juicio previo. Por ello, si dicho criterio no se realiza a una teoría económica bien fundamentada, el resultado que obtendremos será precisamente el que el investigador ya desea obtener al definir su función. El investigador puede demostrar que la recesión es explicada por la falta de consumo, o en cambio, que es explicada por falta de ahorro. Puede demostrar que la educación explica la renta potencial de un país, o asimismo, que la educación viene explicada por el crecimiento potencial de un país. Podría incluso demostrar que el número de nacimientos está correlacionado con la migración de las cigüeñas. Si es cierto que hecha la correlación, hecha la causa, entonces podemos demostrar científicamente que las cigüeñas traen a los bebés.

El lector puede preguntarse en este punto ¿cómo sé que una teoría económica está bien fundamentada?

Una teoría que funcione es aquella que sea simple y esté constituida por axiomas o proposiciones evidentes que no pueden ser demostradas empíricamente, ya que son deducidas lógicamente por el investigador. Por eso los axiomas han de ser muy simples, a efectos de determinar relaciones  entre dichas proposiciones sin incurrir en una contradicción lógica. El axioma por excelencia fue definido por el economista austriaco Von Mises: la acción humana. “El ser humano actúa motivado por unos fines, y para obtenerlos necesitará buscar y emplear una serie de medios a su alcance”. Nadie puede negar esta proposición, pues el mero hecho de hacerlo ya implica una acción humana y, por ende, una contradicción lógica. Con este axioma se deducen relaciones posteriores, como puede ser la ley de utilidad marginal, o la ley de preferencia temporal (según la cual, los seres humanos, a igualdad de circunstancias, preferimos satisfacer nuestras necesidades lo antes posible en el tiempo), de la cual se derivan las relaciones entre consumo, ahorro e inversión.

Los gobiernos siempre enseñarán datos vacíos de contenido, convirtiendo a la estadística en la técnica más científica que existe para contar una mentira.

Por tanto,  es preciso concluir que la polémica del método en Economía aún no está resuelta, y sus implicaciones son muy importantes a efectos de reconducir el proceso de investigación en nuestra ciencia. El economista que tenga claro lo realmente humilde que debe ser a la hora de analizar la realidad, teniendo en cuenta que la información es subjetiva, dispersa y tácita será el economista que tenga más certeza de lo que dice.  Un economista que considere las expectativas de los individuos (que cambian continuamente) y los llamados cisnes negros (siguiendo a Nassim Taleb) o imprevistos que dominan en los fenómenos sociales y que por tanto no se pueden matematizar.

De otro modo, si prefieren ignorar la cuestión del método, la conclusión que forzosamente debo transmitir es que no deben fiarse de Galbraith. Fíense de mí, naturalmente.

3 comentarios en “¿De qué economista debemos fiarnos?

  1. Excelente artículo de jmartinezmu. Claro, agudo y muy apropiado para mentes jóvenes y críticas como son estudiantes de derecho a los que les replicaré con estas líneas algunas inquietudes para su ramo de Economía.

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