Free movement of goods, capitals and…persons?

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The faith in individual liberty is the pillar on which libertarians have been treating the affair of “Free movement and Open Borders”. This controversial discussion has divided to economists, creating a very intense debate during the last decade. 

The question we try to answer in this post is whether or not immigration should be unconditional or conditional; totally free or restricted.

On the whole, we are going to consider that the major group of immigrant people is constituted by unskilled workers. The usual claim of economists is that these unskilled foreign workers have made a huge contribution to the economic growth of the receptor countries. We can quote examples like the case of United States or Spain in the European Union where the immigration was rapidly absorbed in construction´s sector during bubble years. In addition, many economists argue that the cost of keeping immigrants is much lower than the wealth and added value they generate to the economy. According to this assertion, the increase of cheap supply in labor market implies a reduction of the price of certain commodities, goods and services. Thus, consumers can save money and firms find funds for investment.

Anyway, the current message of supporters of free movement and open borders may be summarized in a simple sentence: “Immigrants do work that Americans (or Spaniards, etc) refuse to do”.

Nevertheless, despite the apparent logic of this reasoning, the inconsistency of the argument is obvious. In fact, if all immigrant people become suddenly legal, they will enjoy the same wage scales of native workers. They will compete for the same jobs and will pay the same taxes. Accordingly, finally there will not be any work that “Americans won´t do”. Besides, if we consider a plausible reduction in the price of some commodities, goods and services, this fact does not imply the statement that “the more immigrant workers come, the better for national economy”. This is so because great part of the work executed in sectors where unskilled people go is made chiefly by machines. That is why it is very difficult to believe that, despite the reduction of wages produced by an increasing of labor supply, it will mean a net substitution of machines by muscles.

Regarding to the argument which states that immigrants give more wealth to the economy than the expenditure of keeping them, I must point out it is completely false. Not only because is well known that illegal immigrants avoid paying taxes, but anyway, the common income of unskilled people is slightly above the minimum wage. Therefore the public revenues in terms of taxes will be very low. On the other hand, the benefits and state aids that immigrants receive because of welfare programs (schools, healthcare, flats, etc) add a higher amount than the income they can give.

So, all this said without considering other social costs, like the high criminality, cultural integration and shadow economy.

After these considerations, we shall now analyze the case of free trade and free immigration:

It is used to say that free trade implies free immigration to work. Of course we believe in free trading and I think we all know the high cost of protectionism. So, given the case for free trade, what about free immigration?

The relation between trade and immgration is simple: elastic substitutibility: the more you have of one, the less you need of the other, and viceversa. The governments should foster free trade. That´s why 40% of poor people want to move a rich country.For instance, as long as mexican products may freely enter in US, the incentive for mexican people to move to a high-wage zone is lower (and viceversa). So, the possible strategies are basicly two: unconditional immigration and conditional or restricted immgration. Because there is a huge difference in the term “free”depending on what topic it is applied. Indeed, free trade implies that seller and buyer agree in the movement of goods and services. But free immigration doesn´t imply a previous agreement or invitation. That´s why it could be considered like an invasion. Do not be fooled by the way some experts employ the term free. It is much more complicated.

Free immigrants are not necessarily invited. That is why unconditional immigration would lead us to a progressive invasion, with fatal consequences (social clashes and tensions, criminality, etc).

We need to take some measures: restricted immigration, understanding the term “restricted” in the way of protecting native people of an unwanted immigration.

In conclusion, our approach model is the following: Immigration, for being free, must be invited immigration.

Quoting to Hoppe: “There is no such thing as free immigration, or an immigrant´s right of way. What does exist is the freedom of independent private property owners to admit or exclude others from their own property in accordance with their own restricted or unrestricted property titles”.

There is a very important field of research in this way, and libertarian economists must carry on with their committment of defending individual liberty and affording all these public debates from this perspective.

Y todo a media luz…

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Durante los últimos días, el sector eléctrico español se ha convertido en el centro de atención  en todos los medios de comunicación. No es de extrañar. Tras la última subasta celebrada para determinar el precio de la luz, el saldo arroja una subida del 11%. Rápidamente, el ministro Soria ha anulado dicha subasta y está estudiando un nuevo sistema para la fijación del precio.

Sin embargo, difícilmente aquellos que nos meten en un problema, podrán sacarnos del mismo sin agravar más las cosas. Y es que todo este embrollo es ya tan longevo y complejo que nadie consigue entenderlo.

Pues bien, el asunto se resume en una afirmación: los españoles no pagamos el precio real de la luz. ¿Por qué? Fácil, es muy cara. Por eso, los sucesivos gobiernos han ido cubriendo parte de ese precio. Desde que el sector eléctrico se privatizara en 1.997, el Estado ha ido manteniendo la misma tarifa eléctrica al margen de los costes (crecientes) declarados, y dicho déficit tarifario se ha convertido en una deuda del Estado con las empresas eléctricas. Cuando el ministro de Hacienda, Montoro, retira 3.600 millones de euros de los Presupuestos Generales del Estado destinados a cubrir parte de ese préstamo, las eléctricas presionan subidas en el precio de la luz.

Por tanto, esto parece un juego entre políticos y empresas eléctricas que obedece a un fallo institucional, y no de mercado. ¿Por qué la electricidad es tan cara? El sector eléctrico, a pesar de lo que muchos críticos denuncian, no está liberalizado. Y es que, siguiendo la opinión del economista Juan Ramón Rallo, que un gobierno otorgue un privilegio especial a un grupo reducido de empresas para que operen en el sector, no puede considerarse como un mercado libre en modo alguno. Más bien al contrario. Es decir, el oligopolio actual del mercado eléctrico no es un fallo de mercado, sino fruto de la regulación. Debido al concepto de soberanía nacional, entran en juego determinados “sectores estratégicos” que, en base al criterio del Estado, lo que supone es levantar barreras de entrada a las empresas en determinados mercados, como en este caso la energía. Por lo tanto, la razón de que haya un oligopolio que pueda presionar al alza el precio de la electricidad se debe a un privilegio estatal.

Opino que a los españoles, lo que nos importa es pagar el precio real de la energía, y no tanto quién nos la suministre. Los precios actúan como señales de información en el mercado, informando sobre la disponibilidad de un determinado bien o mercancía, y por tanto de su valor. Si las autoridades intervienen o regulan dichos precios, lo que tenemos como consecuencia es una información falsa que desvirtúa el cálculo económico. Como resultado, un elevado déficit tarifario y el precio de electricidad más caro de Europa.

La dependencia energética de España es uno de nuestros mayores problemas estructurales. Se han gastado miles de millones de euros en primas y subvenciones a energías que aún no son rentables en el mercado, pero que por intereses políticos se han favorecido frente a otras más eficientes y seguras (como la energía nuclear).

Por ello, no esperemos que los políticos que han diseñado este sistema vayan a solucionar el problema precisamente con más intervención.

Aterrizaje forzoso del helicóptero de Friedman

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El helicóptero de Friedman es una de las teorías más empleadas para explicar el proceso de expansión monetaria por parte de los gobiernos y sus consecuencias. El Premio Nobel Milton Friedman realizó contribuciones muy importantes en este campo, redefiniendo la famosa Teoría Cuantitativa del Dinero.

En su ejemplo, Friedman imagina una comunidad que se dedica a sus actividades económicas de producción, comercio, etc. Pues bien, el economista de Chicago formula el siguiente caso: Un helicóptero aparece volando y comienza a lanzar billetes a los ciudadanos de la comunidad, de tal forma que dicho reparto es equitativo, es decir, se supone que cada ciudadano recibe una cantidad parecida de dinero. ¿Qué efectos tendría este hecho?

A pesar de que aparentemente podríamos pensar que los ciudadanos serían más ricos, esto no es así. Friedman explica que efectivamente los ciudadanos disponen de mayores saldos monetarios, por lo que empezarán a gastar más dinero dentro de un sistema productivo que permanece igual que antes. Es decir, los nuevos billetes no crean una capacidad productiva adicional y, de este modo, lo único que se consigue es que suban los precios de los bienes y servicios de la comunidad, generándose con ello el problema de la inflación.

La conclusión que más nos interesa es que para Friedman, el aumento de la oferta monetaria trae como consecuencia un incremento proporcional en el nivel general de precios, sin que se produzca una distorsión en la estructura relativa de los precios. Esto se debe a que, como hemos dicho antes, se supone que la inyección del nuevo dinero se reparte de una forma homogénea entre todos los agentes económicos. Por lo tanto, el dinero permanece neutral, sin producir cambios sobre la economía real. La inflación es un problema esencialmente monetario.

Sin embargo, mucho antes que Friedman, el economista Richard Cantillon (véase su “Ensayo del comercio en general”, editado por primera vez en 1.755) trató el asunto del dinero y sus conclusiones fueron algo distintas.

Precisamente sobre el proceso de expansión monetaria, Cantillon afirma que la inyección monetaria no se produce de forma automática sobre todos los sectores económicos de la sociedad. En su ejemplo, Cantillon explica magistralmente cómo cuando el Estado realiza una inyección monetaria, esta inyección se filtra primero por uno de los sectores de la economía, que será aquél designado por el gobierno (el sector minero en el ejemplo de Cantillon). Así, los trabajadores del sector experimentarán un aumento de su poder adquisitivo, ya que cuentan con más dinero en su poder mientras que los precios aún no han subido de forma generalizada. Así, poco a poco, la inyección monetaria comienza a cambiar la estructura de precios relativos de la economía. Por ello, de la teoría de Cantillon se extrae que el dinero no es neutral, y su manipulación tiene efectos perversos. La distorsión en la estructura de precios relativos produce una descoordinación entre los agentes. Dependiendo de quienes reciban el dinero, las decisiones pueden ser diferentes. Si el nuevo dinero se gasta en bienes de consumo, los precios de dichos bienes subirán y cambiarán necesariamente los precios relativos. Por el otro lado, si el nuevo dinero llega en primer lugar a los prestamistas, éstos aumentarán la oferta de fondos prestables, reduciendo con ello el tipo de interés e incrementando la inversión. Finalmente lo que se consigue es que tanto la inversión como el consumo presente aumenten, cuando en realidad ambas variables deberían comportarse en sentido contrario.

Cantillon sienta las bases de la teoría austriaca de los ciclos económicos, que explica cómo la expansión monetaria induce un proceso de sobreinversión que no está sostenida por ahorro real. Una explicación que Friedman no tuvo en cuenta en su helicóptero…

¿Por qué Suecia no es el ideal socialista?

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Escribo este post agradeciendo la conferencia celebrada en el Institute of Economic Affairs e impartida por el Dr. Christian Sandström, investigador en el Ratio Institute de Estocolmo.

El motivo de dicha conferencia era tratar uno de los tópicos más extendidos en economía: Suecia como modelo ideal de la socialdemocracia. En efecto, muchos políticos y economistas, cuando intentan justificar sus medidas de política económica, todas ellas encaminadas al aumento del gasto público, subidas de impuestos, etc, siempre recurren al país nórdico para alabar las virtudes de su sistema, recomendando a los gobiernos copiar el modelo sueco de economía y de Estado de Bienestar, que garantice todos los servicios públicos y mantenga superávit presupuestario a costa de unos altos impuestos. Y es que los servicios públicos de calidad hay que pagarlos.

Pues bien, si analizamos la historia económica más reciente de Suecia, hay que señalar que a finales del siglo XIX era uno de los países más pobres de la tierra. En la actualidad, sin embargo, es el tercero o cuarto país más rico del mundo. ¿Por qué?

El principal motor del crecimiento económico sueco en el siglo XX ha sido la innovación tecnológica. Podemos dar dos ejemplos de peso: LM Ericsson ( a principios del siglo XX) y Volvo (en 1.930). Estas innovaciones se lograron bajo un sistema muy alejado del socialismo: Impuestos bajos y Libre Comercio. El Gobierno sueco, entonces formado por el Partido Socialdemócrata, supo entender que las innovaciones precisan de un clima adecuado para favorecer la inversión y, por supuesto, el capital. Así lo manifestó uno de sus políticos más importantes, Gustav Möller, quien afirmó que unos impuestos altos suponían un verdadero robo a la sociedad.

Gracias al libre comercio, Suecia experimentó un crecimiento económico muy importante. Y es que, a pesar de que a partir de 1.945 se subieron los impuestos rápidamente, el país pudo exportar bienes y materias primas a todo un continente europeo hundido bajo los daños de la Segunda Guerra Mundial y concentrado en una  industria de guerra.

Estudiando el modelo sueco, el gran economista Schumpeter, concluyó en su obra “Capitalismo, Socialismo y Democracia” que, si hubiese que definir a Suecia como país socialista, su socialismo se debe a una distinción, y es que  “the Swedish nation is made of and to its exceptionally well-balanced social structure”. Por ello, Schumpeter negaba que el modelo sueco pudiera exportarse a cualquier otro país.

Asimismo, es interesante señalar que Suecia, en la década de los 90 del siglo pasado, fue uno de los primeros países en realizar reformas de calado como la desregulación de sus mercados financieros, la flexibilización del mercado laboral o la privatización parcial de su sistema de pensiones en el año 1.994, medidas todas ellas tan temidas por los socialistas.

El problema actual de Suecia es, precisamente, su alta presión fiscal sobre la economía privada, lo que impide que los suecos puedan acumular activos porque no pueden ahorrar dinero. Las estadísticas muestran un incremento de la deuda privada y el desempleo juvenil, lo cual puede comprometer de forma considerable el crecimiento económico del país en el largo plazo. (Véase a este respecto Bloomberg:  http://www.swedishwire.com/economy/18184-private-debt-hits-record-in-sweden ; http://www.bloomberg.com/news/2012-12-05/swedish-household-debt-growth-is-swedbank-s-biggest-worry.html)

En conclusión, la razón del crecimiento económico sueco en la historia económica contemporánea se encuentra en un sistema de impuestos bajos que favorecieron las innovaciones tecnológicas y en el libre comercio. Son precisamente las subidas de impuestos las que están originando problemas que preocupan muy seriamente al país, por lo que la idea de Suecia como paraíso socialdemócrata, se constituye como otro tópico que nada tiene de cierto y que es necesario derrumbar.

El sistema público de pensiones: la mayor falacia de nuestros gobernantes.

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La semana pasada leíamos en la prensa los resultados del informe “Panorama de las Pensiones 2013” publicado por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), cuyas conclusiones han sido muy negativas. En efecto, dicho organismo advierte que en España y en otros muchos países desarrollados, las generaciones venideras que tendrán que sostener a los jubilados recibirán una pensión más baja y que por tanto tendrán que ahorrar más para poder retirarse en el futuro.

A este respecto, las reacciones de nuestros políticos siguen siendo las mismas. El gobierno español garantiza la sostenibilidad de las pensiones y no para de repetir que se hace necesaria una revisión profunda del Pacto de Toledo para diseñar reformas de calado. Hasta el momento, lo único que se plantea en España es retrasar la edad de jubilación. Sin embargo, este tipo de medidas únicamente pueden evitar el problema en el corto plazo.En el largo plazo, el sistema de pensiones públicas cae por su propio peso, y el Estado, lejos de poder ser la solución, es el principal responsable.

Nuestro sistema de pensiones, al igual que el de la gran mayoría de países desarrollados, está diseñado conforme a lo que los anglosajones denominan “PAYGO model”. Este modelo consiste en que el Estado realiza transferencias intergeneracionales (pay as you go) desde la población activa trabajadora hacia la población jubilada. Pues bien, este modelo está basado en los famosos esquemas piramidales  (también llamados esquemas de Ponzi), es decir, que para que el sistema funcione, la base de la población que paga tiene que crecer indefinidamente. Sin embargo, esto no está sucediendo, sino más bien todo lo contrario. La población activa que ha de mantener a los jubilados es cada vez menor, y aunque el gobierno pueda retrasar el problema endeudándose indefinidamente, no podrá evitar el colapso del sistema.

La provisión pública de pensiones es un fallo de los gobierno porque crea incentivos perversos:

En primer lugar, se garantiza una pensión a todo jubilado con independencia del número de hijos que haya tenido (si es que ha tenido alguno), siendo precisamente una de las causas del envejecimiento de la población.

En segundo lugar, es un hecho confirmado por la evidencia empírica que los esquemas de pensiones ofrecen generosas prestaciones para los prejubilados, lo cual ha favorecido a que la prejubilación sea un hecho muy común en algunos países y que cada vez menos personas se retiren a la edad de jubilación normal. (véase Gruber y Wise (2005): “Social security program and retirement around the world: fiscal implications. Introduction and summary”, NBER Working Paper no.11290.)

Por último, la teoría económica, reforzada por otros estudios empíricos, afirma que existe un efecto sustitución entre la provisión pública de pensiones y el ahorro privado. Es decir, los jóvenes tienen pocos incentivos a ahorrar para poder consumir en su vejez. Además, el pago de las cotizaciones a la Seguridad Social, unido a las crecientes subidas de impuestos y a las políticas monetarias que propician el apalancamiento masivo, impiden que los jóvenes puedan acumular riqueza.

Si el sistema no funciona ¿por qué no se cambia? En este interrogante es clave el factor político. Los economistas de la Public Choice demostraron que, efectivamente, quienes votaron a favor del modelo actual de pensiones son precisamente los que se beneficiaron de las prestaciones sin tener que contribuir por ello. Es decir, las personas que podrían haberse opuesto al sistema (los que pagarían a los jubilados), o bien no tenían edad para votar, o ni siquiera habían nacido. Por eso es tan difícil acabar con el sistema, porque quienes ya se encuentran dentro no quieren renunciar a su prestación. y se atreven a decidir en nombre de las futuras generaciones.

La OCDE culmina recomendando una mayor educación que incentive el ahorro privado. Yo añadiría una mayor sensatez por parte de todos los gobiernos que han utilizado las pensiones como herramienta política sin ni siquiera permitir otras muchas fórmulas por parte de la iniciativa privada que de verdad ofrezcan incentivos al ahorro y con ello unas pensiones que sean sostenibles en el tiempo.