Juego de gallinas

game chicken

Con la llegada de Syriza al gobierno de Grecia, el primer ministro heleno Alexis Tsipras y el presidente del BCE Mario Draghi han iniciado un peligroso “game of chicken” o juego de la gallina en la Unión Europea. Un juego que conviene explicar para poder entender el curso de los acontecimientos más recientes.

En microeconomía, la teoría de juegos estudia el comportamiento de los individuos e instituciones ante el riesgo. En concreto, el denominado juego de la gallina trata de atender los comportamientos de dos partes que entran en conflicto, sin que ninguna de ambas posea, a priori, una estrategia dominante sobre la otra.Tradicionalmente el juego se representa mediante dos conductores que conducen uno frente al otro en una carretera de un único sentido. De este modo, a medida que se aproximan uno de los dos conductores debe ceder y apartarse de la carretera, sin embargo será considerado una gallina (de ahí el nombre del juego).

A partir de este planteamiento, las estrategias a desarrollar por los dos jugadores son fácilmente advertibles: ambos pueden ceder a la vez, o puede producirse una combinación entre las acciones de “ceder” y “no ceder” para cada uno de ellos, cuyo resultado más catastrófico sería que ninguno de los dos ceda y, por tanto, los coches colisionen y los jugadores mueran.

Aplicando este juego al terreno actual, la tensión entre Draghi (junto a los acreedores europeos) y Tsipras es cada vez más delicada. A pesar de las sucesivas reuniones mantenidas por Varukafis, el ministro heleno de finanzas, con el banquero central y otros ministros europeos, ninguna de las dos partes cede.

Por un lado, la agenda política de Syriza exige que la Unión Europea consienta una reestructuración de la deuda griega, que en estos momentos se sitúa en el 176% del PIB . Entiéndase por reestructuración una quita, ya sea implícita o explícita. El lenguaje puede ser maquillado en política, pero es preciso analizar las verdaderas intenciones de Syriza. Un gobierno que está comprometido en pagar su deuda se esfuerza en realizar una contención del gasto público (actualmente un 59% del PIB) para hacer frente a dicho compromiso. Sin embargo, si la primera acción del primer ministro Tsipras es la de subir el salario mínimo y detener los recortes, hay implícita una clara manifestación de intenciones de no pagar, aunque dicha manifestación pueda ser legítima en virtud de la decisión del pueblo griego.

Por otro lado, la posición de la Unión Europea es absolutamente discordante. El 5 de febrero el Banco Central Europeo deja de aceptar bonos griegos como colateral a los bancos griegos que busquen nueva financiación. Esto produce que la barra libre de liquidez para Grecia se corta automáticamente, teniendo que financiarse a un precio mucho mayor. Tal vez la Unión Europea se ha cansado de ceder, y exige a Grecia que continúe con el programa del rescate supervisado por la Troika. Es preciso recordar que Grecia cuenta con un plazo de vencimiento medio de su deuda pública en 2013 de 16 años, siendo casi el doble del periodo para el resto de economías de la OCDE. Asimismo, el interés medio de la deuda pública griega es del 2,25% aproximadamente, una de las tasas más bajas de la Eurozona.

Expuestas ambas posturas, cada jugador sólo puede esperar a que el otro ceda. De momento, Tsipras conduce estimando la probabilidad de que Draghi tema un colapso ante el impago, al tiempo que amenaza con abandonar el euro, una medida que podría contagiar a otros países como España o Irlanda, suponiendo el fracaso del modelo europeo. Sin embargo las acciones de Draghi no parecen ir en esa dirección, y conduce dispuesto a que Grecia rectifique y ceda ante el riesgo de un aislamiento internacional y la quiebra del país si efectivamente abandona el euro.

¿El peor resultado? Un país devastado por los salvadores de la patria y el fracaso de la Unión Europea tal y como existe hasta nuestros días. La disciplina que una moneda como el euro otorga queda quebrada si las autoridades monetarias permiten que los Estados, lejos de realizar las reformas estructurales necesarias, se financien muy barato durante todo el tiempo que sea necesario, alimentando al monstruo del endeudamiento público. Esta ha sido la política seguida por Draghi, tal y como él mismo dijo: “Whatever it takes to save the euro”.

Sea cual sea el resultado final de este juego, cuesta mucho identificar a la gallina.

5 comentarios en “Juego de gallinas

  1. Amigo Jaime, otro error de la política de Alemania que se empeñó hasta conseguir que Grecia entrase en el Euro.
    Pena de país inculto que no sabe dónde va… Ya han hecho bastante poniendo de moda la democracia… Desde entonces, como Suiza, su mayor aportación el reloj de cuco. En Grecia, el yogurt.
    Lo peor sería que la gallina fuera o fuese Europa. Es mi opinión. No sería justo que muchos hallamos realizado esfuerzos y ajustes y otros no.
    Aunque como Ciudadanos se ponga de moda…, estamos arreglados.

  2. Y puestos así, quienes serán las próximas gallinas de este juego? Seria descorazonador que después de tanto interés por llegar a alcanzar esto, que se suponía habría de ser, la conjunción global y necesaria, a priori, resultase ser un fracaso, cuyos resultados serian imprevisibles.

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