De cómo descubrí ser “homo agens”

homo economicus

En el año 1978, el economista (y también novelista) español José Luis Sampedro escribió un artículo bajo el título De cómo dejé de ser homo oeconomicus. En dicho artículo, Sampedro realizó una critica contundente al dogma del interés individual y de la soberanía del consumidor en el mercado.

Desde la política, la universidad e incluso la Iglesia, la crítica al individualismo no ha dejado de extenderse alrededor del globo durante todo el siglo XX hasta nuestros días.

Resulta por ello interesante examinar la raíz de esta crítica analizando el concepto del individualismo “en versión completa” (parafraseando al profesor Sampedro).

Friedrich Hayek ofrece en este sentido una referencia fundamental con su artículo Individualismo: Verdadero y Falso, escrito en el año 1945.

Con el desarrollo de las ciencias sociales, ciertos conceptos como liberalismo, democracia, capitalismo y socialismo han sido viciados en su significado con ideas o teorías que son incluso contrarias al propio concepto que pretenden explicar. Para Hayek el concepto que más ha sufrido este tipo de tergiversación es el de ”individualismo”. Este término ha sido distorsionado tanto por sus detractores como por sus defensores. De este modo Hayek se propone depurar este concepto y explicarlo conforme a la interpretación original con que fue concebido: individualismo como un sistema opuesto al socialismo. A éste individualismo es el que Hayek calificará como “verdadero”.

El individualismo verdadero bebe de las aportaciones de los filósofos John Locke, Bernard Mandeville y David Hume. Sin embargo, Hayek precisa que fue Edmund Burke el máximo difusor de esta corriente de pensamiento.

La otra interpretación del individualismo, a la que Hayek se referirá como “falso” individualismo, tiene su origen en los autores franceses y otros filósofos continentales fuertemente influenciados por el racionalismo cartesiano. En este sentido, podemos referirnos a Rousseau y a la escuela de los fisiócratas franceses. Este individualismo racionalista conduce, según Hayek, al socialismo.

La confusión en el significado del individualismo se encuentra en primer lugar en la oposición que mostró Edmund Burke a las ideas de Rousseau. Éste último expresó su temor a que sus teorías se disolvieran en el polvo de la individualidad. En segundo lugar, la traducción al inglés de la obra de Tocqueville, Democracy in America, aplica una connotación peyorativa al término de invididualismo, cuando Tocqueville se refiere a una actitud que lamenta y rechaza. Puede por tanto observarse cómo el concepto de individualismo comienza a desvirtuarse de su significado original.

Teniendo esto en cuenta, ¿cuáles son las características del verdadero individualismo?

Es, ante todo, una teoría que intenta explicar las fuerzas que determinan la vida social del hombre. Sólo en un segundo plano puede entenderse como un conjunto de máximas políticas derivadas de esta visión de la sociedad. Por lo cual, en contra de los argumentos de quienes sin fundamento conciben el individualismo como un aislamiento pro parte del hombre, Hayek defiende el individualismo que estudia al hombre que por naturaleza es un ser social. El aspecto clave es que estudia la vida social del hombre a través de las acciones del individuo hacia el resto, guiado por su comportamiento esperado. Las teorías sociales propias del colectivismo pretenden comprender la realidad como una entidad sui generis que existe independientemente de las acciones de los individuos.

La segunda característica importante de la filosofía del individualismo es el orden espontáneo de las instituciones sociales. Así lo expresa Hayek:

It is the contention that, by tracing the combined effects of individual actions, we discover, that many of the institutions on which human achievements rest have arisen and are functioning without a designing and directing mind; that, as Adam Ferguson expressed it, nations stumble upon establishments, which are indeed the result of human action but not the result of human design; and that the spontaneous collaboration of free men often creates things which are greater than their individual minds can ever fully comprehend.”

Esta visión de los pensadores británicos choca con el racionalismo de la escuela cartesiana que postula que las instituciones son diseñadas y creadas deliberadamente.

Partiendo de las enseñanzas de Menger, Hayek desarrolla toda una teoría de los órdenes espontáneos que parte de considerar que la razón humana es limitada, y por ende, el hombre falla y sus errores son corregidos sólo en el curso de los procesos sociales.

Los racionalistas como Rousseau consideran que las instituciones sociales son frutos de un contrato social de los individuos. Esta concepción lleva incluso a Adam Smith, influenciado por los fisiócratas, a inventar el homo economicus, dominado por un comportamiento estrictamente racionalista en el que el hombre dispone de una información total y perfecta.

Respecto a la crítica que se arroja al individualismo como fuente del interés privado y el egoísmo, Hayek expresa que el hombre persigue los fines que a él le importan, esto es, dentro de su esfera particular que representa una fracción muy pequeña dentro de la sociedad. La pregunta a formular no es si el hombre es egoísta o altruista. Dentro de la complejidad de los procesos sociales, cada hombre se guía por aquello que le satisface y le importa, siendo por ejemplo el bienestar de su familia y su prójimo. Sin embargo estas acciones que desarrolla dentro de su pequeña esfera de conocimiento le lleva, sin él siquiera saberlo, a contribuir al cumplimiento de fines que la sociedad persigue en su conjunto y que él jamás se había planteado. De este modo Hayek conluye:

(…) human Reason, with a capital R, does not exist in the singular, as given or available to any particular person, as the rationalist approach seems to assume, but must be conceived as an interpersonal process in which anyone´s contribution is tested and corrected by the others. This argument does not assume that all men are equal in their natural endowments and capacities but only that no man is qualified to pass final judgment on the capacities which another possesses or is to be allowed to exercise.

Es decir, el conocimiento se encuentra disperso en la sociedad y sólo a través de los procesos interpersonales de cooperación humana los individuos aprendemos en base a los procedimientos de prueba y error. El aprendizaje es paulatino y no perfecto como asume el homo oeconomicus. Sin embargo, negar la tesis racionalista no implica tener que incurrir en el nihilismo intelectual.

La complejidad de los procesos sociales implica que el hombre deba estar adaptándose continuamente a los cambios, en busca de nuevos medios y fines. Pero sólo gracias al marco proporcionado por el individualismo, el hombre puede encontrar nuevas oportunidades y alternativas que de otro modo, mediante la coacción del Estado (que presume tener toda la información necesaria para coordinar la sociedad vía mandatos), jamás podría descubrir.

Se trata, en definitiva, del homo agens, que actúa satisfaciendo sus necesidades y aprendiendo del error, descubriendo nuevas oportunidades a su alcance.

Hayek descubre otra diferencia importante entre ambos tipos de individualismo, esta vez respecto al sentido de democracia.

El verdadero individualismo afirma que todo gobierno ha de ser democrático, pero no tiene una creencia supersticiosa en la regla de la mayoría, pues ante todo considera que cualquier forma de gobierno debe respetar la libertad individual y los principios generales del derecho por encima de cualquier regla de la mayoría.

Esta premisa choca con la concepción del falso individualismo que entiende que la verdad en democracia ha de ser siempre aquello que diga la mayoría. Para Hayek una de las grandes tareas a las que se enfrenta la ciencia política es descubrir en qué casos puede la minoría llevar a resultados mejores que la regla de la mayoría. Así lo expresa Hayek en palabras de Lord Acton:

The true democratic principle, that none shall have power over the people, is taken to mean that none shall be able to restrain or to elude its power. The true democratic principle, that the people shall not be made to what it does not like, is taken to mean that it shall never be required to tolerate  what it does not like. The true democratic principle, that every man´s will shall be as unfettered as possible, is taken to mean that the free will of the collective people shall be fettered in nothing.”

Asimismo, el verdadero individualismo no es igualitarista. Si bien rechaza los privilegios o concesiones estatales, también denuncia las limitaciones sobre el que está más capacitado que otros. En efecto, no podemos considerar que las personas sean biológicamente iguales, y esto en opinión de Hayek resulta de gran valor, pues cada uno de los individuos en su variedad de matices puede ofrecer algo a la sociedad de manera única y original.

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