Los catastrofistas y el dinero

catastrofismo

La ciencia económica está repleta de catastrofistas. Nuestra historia da buena fe de ello. El economista y monje anglicano Thomas Malthus fue uno de los primeros catastrofistas al afirmar en su célebre Ensayo que, mientras la población tiende a crecer en progresión geométrica, la producción de alimentos crece en progresión aritmética, lo cual ha de producir indefectiblemente un empobrecimiento general de la sociedad al contar con menores medios de subsistencia para cada nuevo nacido. Sólo las guerras, las epidemias y, voluntariamente, la abstinencia carnal, podrían retrasar dicho empobrecimiento.

Paulatinamente, el catastrofismo se fue extendiendo hacia toda una cohorte de economistas y filósofos influyentes. Desde la crisis del capitalismo proclamada por Marx y su ejército industrial de reserva, pasando por el estado estacionario  de la economía definido por Schumpeter, son muchos los ejemplos de catastrofismo que determinan las políticas públicas. En la actualidad, la creciente desigualdad,  el cambio climático o la crisis energética…

En efecto, este grado de alarmismo sólo es comprensible cuando el Estado trata de justificarse al intervenir en la vida de los ciudadanos. Llegados a este punto, es interesante aplicar esta idea en una de las instituciones económicas más importantes: el dinero.

Todos los manuales y textos académicos dedican gran parte de sus contenidos a explicar las consecuencias tan perjudiciales de los monopolios en el mercado. Sin embargo, a nadie se le ocurre cuestionar el monopolio de emisión de dinero por parte de los bancos centrales. En este momento el lector seguramente estará pensando que suprimir este monopolio implicaría… ¿una competencia entre monedas? ¿dinero fuera del curso legal?

Imaginen qué catástrofe económica.

Lejos de alimentar al monstruo catastrofista, lo cierto es que un concepto tan complejo como el del dinero gira en torno al desconocimiento profundo de su origen.

Asimilamos que el dinero ha sido creado por los Estados y que sólo puede ser controlado y regulado por ellos a través de las leyes de curso forzoso. Sin embargo, este argumento es en realidad un gigante con pies de barro.

El dinero no surgió como consecuencia de la orden de un gobernante, ni de un acto legislador en aras de lograr el bien común de la sociedad. El dinero surge, siguiendo la valiosa (aunque olvidada) lección de Carl Menger, de un modo espontáneo y no deliberado por parte de los individuos en la búsqueda del interés particular.

El proceso de creación del dinero es sumamente complejo y dilatado en el tiempo. En los primeros intercambios voluntarios basados en el trueque, surge una limitación denominada doble coincidencia de necesidades: si quiero intercambiar cobre por miel debo encontrar a la persona que necesariamente quiera intercambiar miel por cobre. Esta limitación retrasaba notablemente la dinámica de los intercambios comerciales.

A medida que pasó el tiempo, los individuos fueron descubriendo y dando valor a unas mercancías sobre otras, viendo que tenían aquellas mayores capacidades de venta respecto del resto. De esta manera, un comerciante podía ofrecer los bienes que deseaba intercambiar  por aquellas mercancías que, si bien no son las que satisfacían sus necesidades directamente, le aproximaban en gran medida a los bienes que finalmente deseaba obtener.

Menger cita las cabezas de ganado como las primeras mercancías que en el inicio del comercio humano tenían una mayor capacidad de venta. Estas mercancías que actúan como medio de intercambio son “Geld”, (como lo denominaron los germanos) esto es, dinero.

Por tanto, una vez nos desprendemos de la noción casi incuestionable de que la creación del dinero es una prerrogativa que le corresponde al gobierno por su naturaleza soberana, podemos plantear una alternativa basada en el principio de libre elección de moneda.

En 1978, Friedrich Hayek publicó en el Institute of Economic Affairs de Londres su teoría de la desnacionalización del dinero, en la cual trata un escenario donde la emisión de dinero se basaría en la competencia por parte de las “instituciones” emisoras. Estas instituciones son empresas privadas que tendrían la libertad de crear diferentes tipos de dinero en el mercado.

A pesar de lo caótica que pueda parecer esta idea, es preciso entender que la demanda de dinero buscará siempre un valor lo más estable posible en la(s) moneda(s) con la que los individuos realicen sus transacciones. La competencia obligaría a las empresas a mantener siempre estable el valor de sus monedas en términos de una cesta de bienes establecida, y por tanto, la empresa que no cumpliese con este patrón se vería fuertemente amenazada, pudiendo perder su negocio al no contar el público con la confianza en su moneda.

Sin embargo, contrastando esta situación con un régimen de monopolio, es bastante razonable pensar que el monopolista podría abusar de las reglas del patrón. De hecho, hoy en día se mantiene el régimen de monopolio bajo un patrón fiduciario,  esto es, basado meramente en la confianza.

La competencia no descarta que el gobierno pudiera emitir sus propias monedas. Hayek recalca que sería más ventajoso para el público el que las monedas de los distintos Estados pudieran competir libremente. Esta posibilidad privaría a tales gobiernos de proteger su moneda frente a una posible depreciación.

En suma, nuestro economista austriaco sintetiza en su trabajo cuatro efectos principales que se derivarían de la competencia de emisión de dinero:

“a) Un dinero del que se espera que mantuviera su poder adquisitivo aproximadamente constante tendría una demanda continua mientras la gente fuera libre de utilizarlo; b) con tal demanda continua, dependiente del éxito en mantener constante el valor de una moneda, podría confiarse en que los bancos emisores harían todos los esfuerzos posibles para conseguir tal constancia mejor que cualquier monopolista que no corre ningún riesgo con la devaluación de su moneda; c) la institución emisora podría conseguir este resultado regulando el volumen de emisión; y d) tal regulación del volumen de cada divisa constituiría el mejor método práctico para regular la cantidad de medios de cambio para todos los efectos posibles.”

Con esta descripción de su teoría, Hayek indica que los bancos que creasen dinero para financiar proyectos no rentables, serían sancionados con la retirada de los depósitos de sus clientes. De este modo, el incentivo de la competencia conseguiría impedir los ciclos recurrentes de sobreinversión y  contracción económica.

La teoría de Hayek no escapa a críticas, pero supone una referencia importante para entender algunos acontecimientos recientes inesperados por cualquiera de nosotros, como la aparición del famoso bitcoin y otras criptodivisas que están revolucionando el mercado y los sistemas de pago.

A pesar de que el bitcoin no ofrece la transparencia respecto de quién es el emisor ni la información suficiente que garantice su estabilidad (dos premisas fundamentales de Hayek), lo cierto es que ha desafiado la prerrogativa de emisión de dinero por parte de los Bancos Centrales, y sólo por ello deberíamos considerarlo un avance en el terreno de la economía de libre mercado.

Porque la ceguera de los catastrofistas les impide ver que, de la misma forma que la tecnología ha permitido refutar a Malthus al lograr el mayor desarrollo de alimentos y medios de subsistencia en la historia, la genuina e innata capacidad empresarial del ser humano para detectar, innovar y crear oportunidades es la que consigue superar los problemas y conflictos sociales.

Una función empresarial que persiste, como señala el gran Carlos Rodríguez Braun, a pesar del Estado.

Rational Ignorance: Information and Public Choice

uncle sam

The problem of information has been studied by many schools of economic and political thought during the last half century. Neoclassical School of economics assumes that information is perfect and available for consumers and producers in order to achieve Pareto-efficiency. This assumption implies the cost of information is 0. In this way, the model of electoral competition asserts that citizens are perfectly informed. Nevertheless, robust theory and empirical research show that in the real world there is an asymmetric information, this is to say, politicians and citizens have not the same information and therefore does not exist symmetric information. Two reasons can explain this fact:

  • First, the “Rational Ignorance” : “… since the odds are that no election will be close enough to render decisive the vote of any one person, or the votes of all those he can persuade to agree with him, the rational course of action for most citizens is to remain politically uninformed.” (Downs, “The Political Economy: Readings in the Politics and Economics of American Public Policy ). The fact that in general terms people remain ignorant on political issues is supported by empirical studies. Some relevant conclusions of these works are that : “in spite of an unprecedented expansion in public education, a communication revolution that has shattered national and international boundaries, and the increasing relevance of national and international events and policies to the daily lives of Americans, citizens appear no more informed about politics.” (Delli Carpini and Keeter,”What Americans Know About Politics and Why It Matters”).
  • Second, the politicians have access to better resources to get the information they need, and even they can create artificial information. Although the Welfare State economics assumes politicians are always benevolent, the Public Choice theory states that politicians can benefit from this situation creating artificial information. An interesting theory of this behaviour is the politic cycle of Fair, who demonstrated that during pre-election periods, elected officials skew economic variables to their favour, for example, increasing public spending in order to create the illusion of a thriving economy.

What are the consequences of the low political knowledge of citizens? In theory of information, citizens are expected to be rational, and being rational implies that they vote if the benefit exceeds the cost. So, in general, citizens are predisposed to vote. Problem is the cost of voting, determined by a set of complex variables, but considering imperfect information, we could say that apart from the costs of legal registration, poll hours, etc, one of the most important issues to considerate is the cost of information.

Some authors, like John G. Matsuaka, argue that there is a positive correlation between the amount of information and the probability of voting. In fact, Matsuaka explains a lot of factors which depends on the amount of information. For example, he proves that public employees and farm owners are more likely to vote. On the contrary, farm laborers are less likely to vote.The reason is that public employees and farm owners have a permanent relationship with the government and its political environment (due to labor relations, dealings, etc), and that is why they are more connected to information than farm laborers are. By the same token, a person with a high level of education is more likely to vote, because of her capability of getting information and analyzing it. These and other factors are explained by the same statement. Consequently, the most information one citizen can obtain, its voter turnout increases.

Moreover, given this assumption, how can we measure the price of information? The answer is not clear because of the complexity to measure the variables that may affect to the information. In fact, it is important to highlight, according to Austrian economists, the peculiar nature of information (subjective, tacit and dispersed).

In conclusion, the problem of information is not well supported by empirical data in terms of measuring the cost of information. That’s why there are two theories that deny the key role of information in increasing voter turnout: “Behaviour irrelevance hypothesis” and “Outcome irrelevance”.

Behaviour irrelevance hypothesis establishes that “for a variety of reasons, uninformed voters manage to vote as if they were informed; the outcome irrelevance champions, instead, argue that uninformed people do behave differently, but that the final electoral outcome is the same that a perfectly informed electorate would choose” (Larcinese, “Political Information, Elections and Public Policy”)

Mass Media

As aforementioned, we can explain a correlation between the amount of information and the probability of voting. The theory of information assumes that citizens are rational and they vote when the benefit of voting is higher the cost of voting. So, theoretically we could minimize the price of information in order to increase the amount of it received by citizens. In this way, the influence of mass media is indisputable, producing a controversial debate about whether mass media can affect to electoral outcomes.

On the whole, model of electoral competition and information argue that advertising in mass media reduces the price of information. It is evident that when information is imperfect, it is found scattered and decentralized. Mass media can concentrate that information in order to make it readily available for citizens. As stated by Matsuaka: “The information theory predicts a correlation between advertising expenditure and voter turnout” (Matsuaka, “Explaining voter turnout patterns: An information theory). Indeed, the participation increased in elections when radio and later television appeared in mass media. This fact explains the power of advertising in mass media, representing an important percentage of political parties in its campaign spending. Minimizing the price of information with mass media, the participation increases.

According to this, the theories of mass propaganda became very famous when politicians found an important tool to persuade citizens of their electoral outcomes. Nevertheless, the first studies of mass media’s effects denied that advertising could persuade citizens. The debate of real effects by mass media and advertising has been extended to other economic issues (Galbraith and Von Hayek analyzed the role of advertising like creator of new necessities for the consumer). Then, we can consider that the choices of advertising in mass media are two: informing or persuading citizens. One critics to campaign advertising in mass media is that it does not really inform at all, and it may be used by one candidate to damage the leadership of his rival, and creating a danger influence in citizens.

We can conclude that in this matter, campaign advertising has an influence (directly or indirectly) in information through mass media to the citizens. The idea of persuading is difficult to support in empirical evidence, and some arguments explain that advertising can not change radically someone’s decision.

Application: Regulation in Spain of Mass Media and Information.

In order to analyze the role of legal institutions in mass media and information, we are going to introduce a real example, concretely the case of Spain.

Spanish legislation has developed the legal mechanisms to regulate election advertising, with the goal of guaranteeing the political pluralism and equality among political parties. Thus, we can consider two important measures:

First, prohibition of election advertising contract. We must assume that not all the political parties have the same economic resources. Then, the prohibition is established in television channels to prevent that the richest parties can invade mass media and get more advantages than the other parties. In private press and radio, campaign advertising is allowed, but always specifying that it is advertising. In addition, any kind of discrimination between parties in terms of prices, schedules, etc. is not allowed.

Second, free spaces. Political parties have the right to provide free spaces in public radio and television channels. These parties must meet some requirements, but the access is guaranteed to every political group.

Analyzing both measures we can approach to the thesis of this essay: The key question is that if Spanish legal framework establishes the prohibition of election advertising contract and imposes free spaces in public radio and television channels, these laws seem to consider mass media only like tools for the political parties to create propaganda and persuade citizens. Spanish laws have focused on the idea of mass media like a danger tool of persuading and manipulating citizens, denying the basic goal of it:  information.

The consequences of this fact in Spain lead to a poor political knowledge and low information, because of the rigid legislation.

Therefore, a simple thesis we can offer in this essay is: The amount of information a citizen can obtain does not depend only on his capability to get it (education, income, proximity to government, etc), but also on the legal framework which regulates the political information and, depending on the way it is regulated, this information will be more or less available to the citizens. Thus, amount of information is not only a matter of the citizen, it is also a matter of the State and the flexibility of its regulation.

La “nariz de Cleopatra” en Economía

cleopatra

The persistent tension between the organizational structure of a government that maximizes the income of its ruler (and the ruler´s supporters) and an efficient system that reduces transaction costs and encourages economic growth is the “root cause of the failure of societies to experience sustained economic growth”

Douglas C. North

A menudo los científicos sociales, cuando tratan de dar respuesta a los fenómenos complejos que se producen en la sociedad, caen en la tentación de buscar un origen que sea, naturalmente, igual de complejo. Sin embargo este planteamiento puede llegar a ser sumamente pretencioso.

La Historia clásica nos ofrece un testimonio muy poderoso para hacernos entender que, más a menudo de lo que pensamos, muchos de los fenómenos que hoy observamos son consecuencia de un origen menudo e incluso trivial. Nos estamos refiriendo a la explicación de la nariz de Cleopatra. El filósofo francés Blaise Pascal afirmó que “si Cleopatra hubiera tenido una nariz más corta, hubiera cambiado la faz del mundo”. En efecto, el papel de Cleopatra fue clave en el curso de los acontecimientos de la Roma de Julio César y Marco Antonio,  los dos hombres a quienes la reina egipcia enamoró, según cuentan los clásicos, gracias a su nariz.

El ejemplo de la nariz de Cleopatra es empleado para entender que ciertos fenómenos e instituciones que se producen o existen en la actualidad no tienen un origen profundo, y su trayectoria inicial puede incluso haber sido una cuestión de suerte. Sin embargo, el tiempo pasa y consiguen persistir. Con esta idea aparece el concepto de path dependence (dependencia del camino), introducido por los economistas para explicar que el pasado influye sobre el presente en nuestras pautas y comportamientos.

Es interesante trasladar este argumento al campo de las políticas públicas y del Estado de Bienestar. Las contribuciones de economistas como el Premio Nobel Douglas C- North o los teóricos de la Public Choice demuestran que, en un mundo cada vez más globalizado y dinámico, la intervención del Estado a través de su aparato burocrático se caracteriza por la rigidez y resistencia al cambio. Este problema tiene repercusiones muy importantes sobre la economía, creando un conflicto entre la estructura estática de los gobiernos frente a la eficiencia dinámica de los mercados. Dicho conflicto es el que se produce cuando la educación pública se mantiene rígida ante los permanentes cambios de las demandas del mercado laboral (visto aquí), o cuando los sistemas públicos de prestaciones se niegan a reconocer la creciente movilidad laboral y la nueva pirámide poblacional (visto aquí).

Es decir, el path dependence nos ayuda a entender que mediante un origen simple,  como pudo ser la protección social de un determinado colectivo por parte del Estado en un momento concreto de la historia económica, se constituyó un Estado de Bienestar muy rígido que puede llegar a ser perjudicial para el progreso social al no adaptarse a los cambios. Por ello es habitual que la manera que los gobiernos tienen para justificar la esfera de su intervención, sea afirmar que un determinado servicio ha de ser público simplemente “porque siempre ha sido público”, ignorando la posibilidad de que tal vez, la necesidad que dicho servicio pretende cubrir sea irrelevante hoy en día (análisis coste-beneficio). Esta persistencia levanta barreras a la iniciativa privada, donde los incentivos económicos favorecen que el path dependence sea mucho más reducido, al encontrarse las empresas en un continuo estado de alerta para innovar y adaptarse a las nuevas necesidades.

Otra aplicación más exhaustiva de la nariz de Cleopatra se encuentra en el sistema financiero actual, fruto de lo que algunos economistas austriacos como Jesús Huerta de Soto denominan accidente histórico: la promulgación de la Ley de Peel en 1844, la cual prohibía la creación de billetes bancarios sin respaldo del 100% por dinero en metálico. Sin embargo, para la Escuela Austriaca, dicha ley fue un rotundo fracaso, ya que al “no haber incluido entre sus prohibiciones la de emitir nuevos créditos y depósitos sin un coeficiente de reserva del 100 por cien, permitió que los ciclos recurrentes de auge y depresión continuaran sucediéndose…” (Huerta de Soto, “Dinero, Crèdito Bancario y Ciclos económicos”.

A este respecto, podemos observar que la teoría económica ha demostrado el fracaso de muchas de las políticas económicas vigentes. Sin embargo, es muy difícil revertir la situación, bien sea por los costes de transacción que ello supondría, o bien sea por los incentivos de la gestión burocrática para aumentar la esfera de su intervención en lugar de reducirla.

Por tanto, es preciso concluir que el efecto de lo inesperado y el path dependence tienen implicaciones muy interesantes para la ciencia económica en el estudio de la eficacia de las políticas públicas y de las organizaciones burocráticas, pudiendo originar problemas y conflictos sociales que, lejos de resolverse, se perpetúan en la historia.

“Me enamoré profundamente de la Unión Soviética”

Webb

Corría el año 1.932 cuando el matrimonio formado por Sidney y Beatrice Webb visitó por primera vez la Unión Soviética. Un viaje con fines más intelectuales que turísticos, en un contexto muy delicado para las democracias occidentales que, tras haber superado con dificultad los daños de la Primera Guerra Mundial, ahora debían afrontar la Gran Depresión de los años 30 iniciada en los Estados Unidos y que comenzaba a contagiar al resto de potencias económicas como Gran Bretaña, Francia y Alemania.

Sidney y Beatrice Webb, ambos economistas e intelectuales británicos de renombre, estaban desarrollando un programa de investigación enfocado a demostrar el agotamiento del sistema capitalista frente al triunfo del denominado socialismo marxista que emergía con fuerza en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y en otros países del mundo.

Cuando finalizaron su viaje por la Unión, los Webb volvieron a Londres declarando que se habían “enamorado profundamente” de lo que habían visto. Creían firmemente en el nuevo paradigma, logrando proyectos importantes como la constitución del Partido Laborista británico y fundando posteriormente la London School of Economics and Political Science, una de las universidades más prestigiosas del mundo.

El amor de Sidney y Beatrice por el sistema colectivista de la Unión Soviética fue cuestionado por muchos de sus colegas.  La razón de ello se debía a que los Webb se reconocían como socialistas “fabianos”, un movimiento que defendía una reforma social gradual, no de forma revolucionaria por parte de las masas sino de la clase intelectual a través de la educación. Esta postura no encajaba, por tanto, con el revolucionario socialismo marxista personificado en la figura de Stalin.

Sin embargo, lo cierto es que el testimonio de los Webb fue un fundamento importante para enriquecer el debate más interesante de la ciencia económica en aquel momento: la polémica del cálculo socialista.

Es preciso señalar que el debate del cálculo socialista se inició en la década de los años 20, a partir del artículo “El cálculo económico en la comunidad socialista” publicado por el economista austriaco Ludwig Von Mises. La esencia del argumento de Mises es que el socialismo se trata de un error intelectual porque, al no basarse en un sistema libre de precios, ningún órgano de planificación central podrá realizar un cálculo económico congruente, y es de esperar que los recursos (siempre escasos) se despilfarren. Mises define los precios como señales de mercado que reflejan “relaciones históricas” de intercambio entre los individuos, y transmiten la información necesaria para conocer la disponibilidad de los recursos y la preferencia de los consumidores.

El error intelectual al que se refiere Mises se explica, desde nuestro punto de vista, por el cuerpo metodológico que impera en nuestra ciencia. Los modelos estáticos que tratan de explicar los fenómenos económicos parten de asumir que la información está dada y que los precios del mercado son parámetros que se forman como resultado de una serie de ecuaciones de equilibrio. Al ser modelos estáticos, no recogen las relaciones dinámicas de intercambio que dan lugar a cambios constantes en las preferencias o expectativas.

Sin embargo, la mayoría de los economistas ignoran esta cuestión metodológica y algunos Premios Nobel como Samuelson (por cierto, autor del modelo “Cañones o Mantequilla” que da nombre a este blog), piensan que el único reto del socialismo es crear la tecnología necesaria que sea capaz de almacenar la infinita cantidad de información. No obstante, el “Big Data” que plantea Samuelson es un absurdo dada la naturaleza subjetiva y tácita de la información en los procesos sociales.

El cálculo económico no fue el único obstáculo al que tuvieron que enfrentarse los socialistas. Otra grave inconsistencia del socialismo es el problema de los incentivos.

Siendo el propósito del socialismo la socialización de todas las rentas, el estímulo a trabajar es negativo cuando el trabajador sabe que, a pesar de su esfuerzo, la remuneración de su trabajo será igual que la de los demás. Los primeros teóricos socialistas y comunistas eran bien conscientes de este desincentivo, sin embargo sus vagos intentos por tratar de resolverlo fracasaron: algunos teóricos como Mably plantearon incentivos “morales” para premiar la productividad; otros como Morelly ignoraron el problema culpando a las instituciones de destruir la natural bondad y entrega sin reservas al trabajo del hombre.

Dos décadas después del viaje realizado por los Webb, el socialismo soviético había demostrado las consecuencias de los problemas aquí planteados. La extinta Yugoslavia del mariscal Tito se alejó de la Unión Soviética e implantó su original modelo de socialismo autogestionario, tratando de introducir ciertos mecanismos propios del sistema de libre mercado (libertad de elección a los empresarios sobre la compra de factores y unidades de producción, incentivos económicos a la productividad, etc). Asimismo, en la propia Unión Soviética, el economista ruso Liberman propuso medidas liberalizadoras para evitar el colapso del sistema.

Todos estos intentos no lograron impedir el Fin de la Historia que proclamase Fukuyama con la caída del muro de Berlín en 1989. Un triunfo para las ideas del liberalismo que evidenciaba el amor platónico (y peligroso) que expresaba Beatrice Webb en sus diarios…

Más allá de buenos modales

4 T

Mucho tiempo llevan discutiendo nuestros políticos sobre la educación que necesita España, y sin embargo, ni los treinta y seis años de democracia han sido suficientes para que aprendan un mínimo de modales.

Porque no es admisible para un país que cada gobierno de turno tire por la borda las reformas educativas aprobadas por el gobierno anterior sin analizar su contenido; ni es respetuoso que un ministerio invada la esfera privada de los padres imponiendo el centro en el que sus hijos deben estudiar o los valores éticos que deben aprender; ni es responsable definir un plan de estudios sin atender las necesidades de todos los colectivos implicados en la gestión del capital humano.

Pongamos contexto a todo este embrollo:

El gasto público dedicado a educación en España es ligeramente inferior a la media de la OCDE (un 4,8% frente al 6%). Sin embargo, el gasto total en educación (público y privado) en términos de PIB per cápita es superior en España (un 29% frente al 27%). Por tanto, podemos afirmar que España realiza un esfuerzo similar a los países de la OCDE, tal y como muestran los datos del último informe “Education at Glance 2014”.

¿Y los resultados? España ha conseguido situarse a la cabeza en tasas de escolarización y de ciudadanos con titulación superior, en concreto, un 32% frente al 30% en la Unión Europea.

Otra cosa es la calidad de dicha educación, ya que del total de dichos titulados superiores, un 22,8% está en paro, frente al 7,5% de la OCDE y el 9,1% de la Unión Europea.

Si dedicamos los mismos recursos y obtenemos resultados tan deficientes, es lógico pensar que, evidentemente, el problema de la educación no es el gasto, sino su gestión.

Eric Hanushek, economista y profesor en la universidad de Stanford, demuestra la importancia del capital humano como determinante del crecimiento económico potencial en los países.  El éxito de la política educativa, afirma Hanushek, no puede basarse en la mera tasa de escolarización, sino en la calidad de los centros de enseñanza, en el profesorado y en el rendimiento de los estudiantes. De este modo, surgieron los test de rendimiento PISA y PIACC, donde España se encuentra muy por debajo del promedio de la OCDE.

La posesión de un título universitario no basta para garantizar una educación de calidad que permita a los jóvenes incorporarse al mercado laboral. Es preciso abandonar la política convencional y adoptar un sistema de aprendizaje basado en competencias.

En este terreno es preciso dirigirse al economista y Premio Nobel de economía James Heckman, cuya investigación confirma que las competencias o habilidades que garantizan el éxito en la vida personal y laboral han de ser desarrolladas desde la infancia. La formación es altamente inefectiva en adultos que carezcan de las competencias previas necesarias.

Definir cuáles son, en concreto, esas competencias clave, resulta más complicado. Sin embargo, la mayoría de economistas, pedagogos y científicos coinciden en que las habilidades “actitudinales” o transversales, como la motivación, empatía, integridad, comunicación, análisis crítico o resolución de problemas, juegan un papel cada vez más importante y centran la atención de las empresas que buscan el mejor talento.

Por supuesto, estas competencias permiten a los trabajadores adaptarse continuamente a las necesidades que surgen continuamente en un mundo cada vez más globalizado y dinámico.

El sistema de educación español ha de asumir esta realidad y preparar a los jóvenes para afrontar los retos de la llamada nueva economía del conocimiento.

Esto se traduce en un cambio integral del modelo. No es lógico que un ministerio o comité defina unos planes de asignaturas tan encorsetados y caducos como son los que caracterizan a nuestras instituciones educativas. Las evaluaciones de calidad del profesorado y de los centros son inexistentes y la comunicación entre dichas instituciones y las empresas demandantes de trabajo es escasísima. Por esta razón, gran parte del desempleo juvenil se explica porque las empresas no encuentran los perfiles que necesitan. El estudio “Education to Employment: Getting Europe´s Youth into Work” realizado por Mckinsey, revela que un 33% de los empleadores en España admiten no contratar a sus candidatos porque no disponen de las habilidades necesarias.

La alternativa pasa por una profunda liberalización de la educación, tal y como ocurre con la gestión de las Escuelas de Negocio. ¿Por qué las universidades españolas no existen más allá de las fronteras mientras que nuestras escuelas de negocios se reconocen entre las mejores del mundo? La explicación se encuentra en que existe una relación continua y directa entre las escuelas y las empresas. Un sistema libre y abierto a la competencia crea los incentivos a que el proveedor de educación se esfuerce en tener al mejor profesorado y en superar la calidad de sus planes y metodologías si no quiere ser expulsado del mercado.

Por el lado de los estudiantes, unos centros de alto rendimiento exigirán una sana meritocracia que les permita aumentar su productividad. En este sentido, la financiación de la educación mediante becas (públicas o privadas) responderá siempre a un esfuerzo real por parte del alumno, tal y como ocurre en los países nórdicos y anglosajones que cuentan con las universidades más prestigiosas y los indicadores más altos de calidad de educación.

La inversión en capital humano ha de realizarse con criterios de racionalidad si queremos obtener rendimiento de ella y evitar la expulsión de los jóvenes españoles del país. Esto exige un ejercicio de humildad por parte de los responsables políticos que han convertido la educación en una batalla ideológica que está mermando el futuro de la generación perdida.

Porque la educación es demasiado importante para todos nosotros, más allá de los buenos modales.

Un análisis crítico a las propuestas económicas de Ciudadanos

garicano

El partido político Ciudadanos ha cobrado una relevancia explosiva en las últimas semanas, situándose como alternativa de gobierno de España frente al bipartidismo que, a ojos de los españoles, es la principal causa de la corrupción institucional, y frente a “Podemos”, cuyas recetas comienzan a ser temidas conforme aprendemos cómo funciona la economía y presenciamos el primer “fracaso” de su homólogo Syriza en Grecia. El ministro heleno de finanzas Varoufakis se ha visto obligado a “ceder” en su sofisticado modelo de juego de gallinas y pasar por reconocer a la Troika y continuar la agenda de reformas para lograr la ampliación del rescate.

En este contexto,  el líder de Ciudadanos Albert Rivera ha fichado a su “Garifakis”: el prestigioso economista Luis Garicano, que hace dos semanas  presentó sus propuestas en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Un programa económico muy alejado de Syriza y Podemos.

Si bien se ha escrito mucho sobre cuál es la ideología política de Ciudadanos o qué consecuencias tendrían sus medidas, es preciso dejar claro en primer lugar que Garicano tiene en el punto de mira el problema central de la economía española: la crisis de endeudamiento público y privado.

Enfocar el programa económico en torno al eje del endeudamiento implica, a nuestro modo de ver, dos corolarios:

  • Negar la mayor del discurso político e intelectual: El problema no es la escasez de demanda agregada ni su estímulo a través de incrementar el gasto público o inundar el mercado con bonos.
  • La política económica debe tratar de favorecer la generación de ahorro real y genuino que consolide el crecimiento económico liberando recursos para la inversión productiva, lo cual implica rechazar la visión cortoplacista.

Las propuestas que anunció Garicano constituyen tan sólo un borrador de su programa definitivo, sin embargo es relevante poder centrar algunas de sus ideas y desmenuzarlas en detalle para comprender qué acciones concretas se plantean en el ámbito de su gestión:

En el mercado laboral, Garicano propone un contrato único indefinido con indemnizaciones crecientes. La finalidad de esta propuesta es clara desde el punto de vista de la oferta de factor trabajo: reducir la temporalidad de los trabajadores. Desde el lado de la demanda de factor trabajo, el contrato único favorece que los empresarios realicen un cálculo económico eficiente. La regulación española ha demostrado ser demasiado rígida y compleja, con tal multiplicidad de contratos en aras de proteger al trabajador que realmente lo que han producido son rigideces y desincentivos a la contratación. No habiendo trabajadores que proteger, se pasó a subsidiar a un número cada vez mayor de desempleados.

Asimismo, por el lado de los “outsiders” (los que salen del mercado laboral), España sigue teniendo uno de los costes de despidos más caros de Europa. Garicano propone, en lugar de atacar el problema de raíz (rindiéndose a las causas institucionales e históricas que admitió Keynes),  compensar esta desventaja con una bonificación a las empresas que despidan menos trabajadores.  Esto sin embargo puede resultar más complejo en la tarea de determinar si el efecto sustitución de dicha bonificación compensa el coste del despido en determinadas empresas.

Otra medida para combatir el desempleo es la famosa fórmula de la mochila austriaca, que consiste en que cada empresario aporte una pequeña cuantía del salario del trabajador dentro de un fondo que sirva para complementar el coste de las indemnizaciones en caso de despido.

Es una lástima que Garicano no coja el toro por los cuernos y se atreva a proponer un abaratamiento de los costes de despido para que el mercado sea más flexible. Tampoco se ha pronunciado el economista, de momento, sobre una reducción de las cotizaciones sociales para fomentar la contratación. Con un mercado flexible en el que los “insiders” y “outsiders” llenan y vacían continuamente el mercado laboral, el paro friccional (periodo de tiempo que transcurre desde que un individuo abandona un trabajo hasta que encuentra uno nuevo) tiende a ser muy reducido.

Una alternativa valiente debería dirigirse a establecer una mochila austriaca para las pensiones que permitan una reducción importante de las cotizaciones sociales. Es decir, fomentar los planes de pensiones privados, cuya naturaleza ha demostrado ser mucho más eficiente en la financiación de los seguros de vida hasta tal punto  que en la actualidad, los Estados intentan recurrir a algunas de sus fórmulas para mantener los sistemas de reparto. Me estoy refiriendo al fondo de reserva de la Seguridad Social, que no es más que una copia de la llamada “reserva matemática” propia de los seguros privados de vida, o a los cambios de gestión en algunos países enfocados a asesorar a los beneficiarios de pensiones y otras prestaciones para que elaboren un plan de ahorro como complemento necesario. No hay mejor modo de incentivar el ahorro que un sistema de capitalización, sin medias tintas.

La tercera gran pata de reformas laborales se centra en la formación.  Para reducir el paro de larga duración, Garicano apuesta por una formación de calidad cambiando el modelo  actual de formación subvencionado por sindicatos y organizaciones empresariales y sustituyéndolo por “poner el dinero en manos de los trabajadores y que los proveedores de educación compitan por ellos”. Garicano copia esta política aplicada desde hace ya varios años en Estados Unidos, Reino Unido, Holanda y otros países europeos y que consiste en unos bonos o cheques de formación cofinanciados por el Estado y la empresa a disposición del trabajador, quien podrá emplearlos para formarse en un centro a su elección, favoreciendo la competencia. Sin embargo, los centros “elegibles” han de pasar con anterioridad un control público para que puedan participar en el programa.

Aunque resulte políticamente incorrecto, es preciso reconocer que la experiencia en otros países no ha ofrecido resultados concluyentes, ya que es muy difícil incentivar a los trabajadores de cierta edad a formarse cuando no asimilan parte del coste.

Una reforma de calado que Ciudadanos debería estudiar es acercar el sistema de formación a las demandas de mercado, especialmente para el caso de los jóvenes. De nada sirve que la administración pública defina los contenidos o los centros que deben formar a los trabajadores si el mercado no demanda dichos contenidos o sistemas de educación. El incentivo más potente para que los centros de formación, universidades y escuelas ofrezcan una educación de calidad únicamente puede lograrse mediante la liberalización . La competencia libre de barreras de entrada reduciría los precios de la enseñanza y el papel del Estado debería limitarse a financiar la educación a aquellas personas que no puedan procurársela por medios propios.

España es el país de la Unión Europea con mayor fuerza laboral de baja cualificación. Si queremos ser más productivos, el capital humano es un factor crucial para aportar valor añadido a nuestro trabajo. Sin embargo, la agenda educativa sigue siendo el mayor ejemplo de inactividad de nuestros responsables políticos, supeditando la ideología a la realidad.

Por último, para conseguir reducir la deuda privada, la propuesta más importante de Ciudadanos es la dación en pago. Esta fórmula consiste en que, en caso de fracaso de refinanciación de préstamos hipotecarios, se pueda obligar al banco a aceptar el inmueble  hipotecado a un precio igual al 100% del valor de mercado, sea cual sea dicho valor en ese momento. El mayor inconveniente de esta medida se produciría si se aplica la retroactividad de la norma, ya que supondría que todos los ciudadanos que hemos rescatado a una parte de los bancos (antiguas cajas de ahorros) estaríamos subvencionando la irresponsabilidad de quienes se hipotecaron en los años de la burbuja cuando no debieron hacerlo. Socializar las pérdidas y privatizar las ganancias ha sido y es la manera más coactiva de financiar los errores del sector público.

Respecto al endeudamiento del sector público, Garicano no concretó ninguna medida, algo que pone en duda su postura en materia de gasto público e impuestos. Sin embargo, es de esperar que se propongan medidas de ajuste y reducción de gasto. Un diagnóstico coherente de la situación implica reconocer que no hay más margen de ajuste por el lado de los ingresos públicos.

En conclusión, esperamos haber demostrado que si bien los objetivos planteados por Ciudadanos con Garicano a la cabeza son sin duda resultado de un análisis correcto de la situación económica de España (algo que es muy pertinente reconocer), sus medidas se configuran como una serie de parches que no atacan la raíz del problema y que dan lugar a muchas salvedades desde el punto de vista de la política económica liberal.

Ciudadanos establece unas reformas socialdemócratas que se quedan en el medio camino y que pueden perpetuar y empeorar los problemas estructurales de la economía española.

Confío en  que las propuestas definitivas sean más ambiciosas y que Ciudadanos apueste por un modelo de economía de libre mercado.

Juego de gallinas

game chicken

Con la llegada de Syriza al gobierno de Grecia, el primer ministro heleno Alexis Tsipras y el presidente del BCE Mario Draghi han iniciado un peligroso “game of chicken” o juego de la gallina en la Unión Europea. Un juego que conviene explicar para poder entender el curso de los acontecimientos más recientes.

En microeconomía, la teoría de juegos estudia el comportamiento de los individuos e instituciones ante el riesgo. En concreto, el denominado juego de la gallina trata de atender los comportamientos de dos partes que entran en conflicto, sin que ninguna de ambas posea, a priori, una estrategia dominante sobre la otra.Tradicionalmente el juego se representa mediante dos conductores que conducen uno frente al otro en una carretera de un único sentido. De este modo, a medida que se aproximan uno de los dos conductores debe ceder y apartarse de la carretera, sin embargo será considerado una gallina (de ahí el nombre del juego).

A partir de este planteamiento, las estrategias a desarrollar por los dos jugadores son fácilmente advertibles: ambos pueden ceder a la vez, o puede producirse una combinación entre las acciones de “ceder” y “no ceder” para cada uno de ellos, cuyo resultado más catastrófico sería que ninguno de los dos ceda y, por tanto, los coches colisionen y los jugadores mueran.

Aplicando este juego al terreno actual, la tensión entre Draghi (junto a los acreedores europeos) y Tsipras es cada vez más delicada. A pesar de las sucesivas reuniones mantenidas por Varukafis, el ministro heleno de finanzas, con el banquero central y otros ministros europeos, ninguna de las dos partes cede.

Por un lado, la agenda política de Syriza exige que la Unión Europea consienta una reestructuración de la deuda griega, que en estos momentos se sitúa en el 176% del PIB . Entiéndase por reestructuración una quita, ya sea implícita o explícita. El lenguaje puede ser maquillado en política, pero es preciso analizar las verdaderas intenciones de Syriza. Un gobierno que está comprometido en pagar su deuda se esfuerza en realizar una contención del gasto público (actualmente un 59% del PIB) para hacer frente a dicho compromiso. Sin embargo, si la primera acción del primer ministro Tsipras es la de subir el salario mínimo y detener los recortes, hay implícita una clara manifestación de intenciones de no pagar, aunque dicha manifestación pueda ser legítima en virtud de la decisión del pueblo griego.

Por otro lado, la posición de la Unión Europea es absolutamente discordante. El 5 de febrero el Banco Central Europeo deja de aceptar bonos griegos como colateral a los bancos griegos que busquen nueva financiación. Esto produce que la barra libre de liquidez para Grecia se corta automáticamente, teniendo que financiarse a un precio mucho mayor. Tal vez la Unión Europea se ha cansado de ceder, y exige a Grecia que continúe con el programa del rescate supervisado por la Troika. Es preciso recordar que Grecia cuenta con un plazo de vencimiento medio de su deuda pública en 2013 de 16 años, siendo casi el doble del periodo para el resto de economías de la OCDE. Asimismo, el interés medio de la deuda pública griega es del 2,25% aproximadamente, una de las tasas más bajas de la Eurozona.

Expuestas ambas posturas, cada jugador sólo puede esperar a que el otro ceda. De momento, Tsipras conduce estimando la probabilidad de que Draghi tema un colapso ante el impago, al tiempo que amenaza con abandonar el euro, una medida que podría contagiar a otros países como España o Irlanda, suponiendo el fracaso del modelo europeo. Sin embargo las acciones de Draghi no parecen ir en esa dirección, y conduce dispuesto a que Grecia rectifique y ceda ante el riesgo de un aislamiento internacional y la quiebra del país si efectivamente abandona el euro.

¿El peor resultado? Un país devastado por los salvadores de la patria y el fracaso de la Unión Europea tal y como existe hasta nuestros días. La disciplina que una moneda como el euro otorga queda quebrada si las autoridades monetarias permiten que los Estados, lejos de realizar las reformas estructurales necesarias, se financien muy barato durante todo el tiempo que sea necesario, alimentando al monstruo del endeudamiento público. Esta ha sido la política seguida por Draghi, tal y como él mismo dijo: “Whatever it takes to save the euro”.

Sea cual sea el resultado final de este juego, cuesta mucho identificar a la gallina.

El “crédito al pánico” de Draghi

Draghi

Queda tan sólo un día para que Draghi anuncie una de las decisiones más delicadas en la historia del Banco Central Europeo. Una decisión que supone un giro de la política monetaria europea : la adopción del famoso QE (Quantitative Easing) o medidas de flexibilización cuantitativa.

El QE consiste fundamentalmente en la compra masiva de bonos u otros títulos de deuda pública que emiten los gobiernos,con el efecto de aumentar el precio de dichos títulos y rebajar los tipos de interés, generando mayor liquidez en el sistema financiero. La gran mayoría de los economistas aplauden la decisión de Draghi,y esperan que el BCE compre un paquete de deuda pública por importe de 1.000 millones de euros. Asimismo, los mercados financieros ya han descontado la decisión del presidente. No obstante, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha advertido que la compra de bonos ha de realizarse de manera prudente y gradual.

La razón esgrimida por los defensores del programa de QE es que, hasta el momento, la política monetaria expansiva “convencional” no ha conseguido estimular la economía europea lo suficiente. Además, la tan temida deflación es interpretada como una prueba más de que el consumo y la inversión no están tirando lo suficiente para consolidar la recuperación económica.

Resulta sorprendente que a medida que las políticas expansivas son cada vez más agresivas, el término de lo que es “convencional” caduca a una velocidad mayor. Es decir, cuando el BCE reduce los tipos de interés al mínimo histórico y los mantiene durante años, parece que hay que buscar un paso más allá porque dicha política ya es convencional y no funciona. Cuando los gobiernos europeos gastan casi un 50% del PIB para aumentar la demanda agregada, la política se vuelve convencional y hay que ir más allá emitiendo deuda pública, que en algunos países supera el 100% del PIB. Es decir, no se trata de que estas políticas hayan fracasado, sino de que han sido demasiado limitadas. Paul Krugman lo resume perfectamente cuando afirma que “el problema es que no se ha gastado aún lo suficiente”.

Aunque algún lector pueda tacharme de escéptico o de nadar a contracorriente, lo cierto es que hay opiniones mucho más autorizadas que la mía que advierten que Europa está negando la realidad. El economista Steen Jakobsen se ha pronunciado recientemente sobre el QE europeo y recuerda que el Viejo Continente no es Estados Unidos. En efecto, los ciudadanos europeos son ahorradores netos, y la política monetaria aplicada ha sido contraproducente al no permitir que el mercado “purgase sus errores”.

Hemos insistido en muchas ocasiones en este blog el delicado contexto en el que nos encontramos. La economía privada europea está muy endeudada y necesita urgentemente ahorro para equilibrar sus finanzas. No es congruente seguir inyectando más liquidez en el sistema cuando el mercado no demanda más crédito. Hay un stock de inversiones que debe liquidarse (no es necesario recordar las más de 500.000 viviendas en España sin vender como consecuencia de los errores empresariales cometidos tras la brutal expansión crediticia). Por ello, la deflación no ha de ser necesariamente mala cuando es resultado de esta depuración y si se configura como antecedente a un escenario de ahorro e inversión previa que permita incrementar la producción y reducir los precios. La deflación en tales términos no es nociva. Otra cosa es cuando la deflación sea inducida por la autoridad monetaria, como ocurrió en la Inglaterra de Winston Churchill.

Aprovechando la historia del pensamiento económico, Hayek nos demuestra que el panorama actual no es algo novedoso. En su artículo “La política monetaria en los Estados Unidos tras la recuperación de los años 20”, el economista austriaco escribe las reformas que introdujo la Reserva Federal (Fed, para los colegas) en 1.914, es decir, hace poco más de un siglo:

El principal objetivo de la gran reforma bancaria de 1913-14 fue crear una autoridad que ayudara a evitar los pánicos financieros que habían padecido frecuentemente los Estados Unidos facilitando créditos en épocas de recesión (“crédito al pánico”) (…) Parece que las ideas de esta clase, con origen en la influyente “Escuela Bancaria”, han seducido reiteradamente a los expertos monetarios norteamericanos, haciéndoles caminar en la dirección errónea.”

A continuación llegó la crisis de 1.929 y la Gran Depresión de los años 30. Juzguen ustedes…

El QE ha sido empleado en algunos países como Japón y más recientemente en Estados Unidos y Reino Unido. Sin embargo, es evidente que las mismas políticas no producen los mismos efectos en todos los países, y corremos el riesgo de que Europa pueda sufrir una “japanización de su economía”.

Por tanto, lejos de alabar el rumbo que está tomando el BCE, es preciso insistir en que Draghi corre el peligro de cometer los mismos errores que en el pasado, la concesión del crédito al pánico.

La economía del fraude

shadow economy

Con la entrada del nuevo año 2015, llega el momento de hacer balance para el gobierno de España.

La realidad muestra unos resultados poco halagüeños respecto a las finanzas públicas: incumplimiento del objetivo de déficit público (en torno al 4,6% del PIB frente al 4,2% pactado por la Comisión Europea) y un nivel de deuda pública en torno al 104% del PIB para el año 2015.

Desde el gobierno, sin embargo, sus gestores afirman mostrarse más optimistas con sus previsiones y rechazan adoptar nuevas medidas de calado, un mensaje que en mi opinión,denota pura ociosidad.

Al margen de discutir si los datos previstos se cumplirán o no, lo cierto es que la política fiscal no ha conseguido que la Hacienda de España recaude el dinero necesario para afrontar sus gastos corrientes, inversiones y por supuesto el pago de la deuda. A pesar de tres años de subidas de impuestos, la recaudación no consigue reducir el gap entre lo que gastamos y lo que ingresamos. ¿Por qué? Los expertos y los populistas coinciden en dos razones: el elevado fraude fiscal y laboral y una presión fiscal inferior a la media europea, especialmente sobre los ricos y las grandes empresas.

Resulta curioso que el argumentario principal de la opinión de nuestros gobernantes (o quienes aspiran a serlo) se base en combatir el fraude a la vez que suben los impuestos a los ciudadanos, echando bajo tierra las lecciones de teoría económica que demuestran, precisamente, que de la misma manera que no se puede apagar un fuego empleando un lanzallamas, no se puede reducir el fraude si se suben los impuestos en un contexto en el que el sector privado necesita sanearse a través del ahorro.

Un estudio estricto de los incentivos microeconómicos de los individuos nos permite obtener conclusiones al analizar los costes y beneficios del fraude. Para ello, es preciso partir de una hipótesis inicial y, por supuesto, a priori: el ser humano prefiere mantenerse dentro de la legalidad en el curso de sus acciones. Por tanto, son dos los enfoques a considerar desde el punto de vista de política económica:

 O bien los costes de mantenerse en la legalidad son excesivamente altos en términos de impuestos y cotizaciones sociales que merman la renta disponible de empresarios, trabajadores y ahorradores y producen que el individuo tenga desincentivos a permanecer dentro del marco legal y arriesgarse a cometer fraude,

 O bien los costes de cometer fraude son tan bajos en términos de (des)regulación y asunción de responsabilidad civil o penal que el individuo tiene incentivos perversos a actuar siempre en contra de ley.

A tenor de ambas opciones, las estrategias que pueden plantearse son evidentes: Rebajar impuestos o endurecer las leyes antifraude.

El fraude representa ya entre un 18% y un 25% del PIB, y desde luego cuesta pensar que colocar a unos cuantos de miles de inspectores más para que persigan el fraude a golpe de, eso, de inspecciones, (algo que ha sugerido algún nuevo partido político) pueda considerarse una medida eficaz a nivel operativo. Esto nos lleva a concluir que tal vez el fraude no pueda atajarse a través de la persecución, sino de la prevención. Por ello, un sistema que permita a los individuos aprovecharse de las ganancias derivadas de sus diferentes actividades empresariales, con el respeto a la propiedad privada y unos impuestos bajos es la mejor estrategia que puede y debe realizarse.

Esta teoría ha sido respaldada recientemente por diversos estudios empíricos. En Abril de 2014, la empresa Randstad, en colaboración con la universidad de Sheffield, demostró en su informe “Flexibility at Work 2014” que aquellos países con una economía más flexible y de libre mercado arrojan una tasa de fraude sustancialmente menor a aquellos países con una economía más rígida. Es decir, unos mercados flexibles y con simplificación normativa que permitan la libre contratación entre las partes, generan el marco adecuado para prevenir el fraude.
Sin embargo, desde el punto de vista de los impuestos, el mismo estudio antes mencionado demuestra empíricamente que los países con impuestos más altos muestran una economía sumergida menor. Esta observación parece negar parcialmente nuestra tesis inicial presentada en este post. Algunos bien podrían justificar más impuestos como medida de política económica.

Sin embargo, es preciso ser prudente en el análisis. Una economía fuerte que puede mantener impuestos altos es porque posee una sociedad muy rica que puede pagarlos sin necesidad de cometer fraude y que además tiene un nexo también fuerte con los servicios o contraprestaciones que otorga el sector público de dicha economía.

Por el contrario, cuando una economía tiene una estructura productiva de capital físico (ahorro) y humano (educación) muy inferior a la de sus competidores y una corrupción de las instituciones públicas generalizada, se producen dos hechos determinantes:
Primero, que el esfuerzo fiscal de sus contribuyentes es notablemente mayor porque la obligación tributaria sobre la renta disponible es confiscatoria
Segundo, que el vínculo entre impuestos y contraprestaciones se quiebra cuando un porcentaje muy importante del dinero público se pierde entre los dedos de nuestros gestores.

De esta manera, es muy pertinente pensar que en algunos países como España, el problema del fraude, lejos de ser justificable, sí sea comprensible.

Si quieren saber por qué se produce fraude, no nos pregunten a los economistas, nosotros lo tenemos muy claro. Pregunten a los políticos.

La ilusión del pavo

turkey

Imagina que eres un pavo. Cada día, un hombre se acerca a ti con un cubo lleno de maíz para alimentarte. ¿Qué tipo de pensamiento crees que vas a tener siempre que él aparezca?

Esta pregunta es planteada por el psicólogo alemán y profesor de la Universidad de Chicago, Gerd Gigerenzer para demostrar los límites del racionalismo. Estudiando la psicología de la inversión y los mercados financieros, el profesor afirma que el modelo de predicción y toma de decisiones se basa en una “ilusión del pavo” cuando los economistas predicen considerando únicamente el comportamiento pasado que observan de los hechos.  Sin embargo, el Día de Acción de Gracias siempre llega y la ilusión del pavo se desvanece para siempre.

A propósito de este argumento, Jens Weidmann, presidente del Bundesbank (el Banco Central de Alemania), se ha pronunciado recientemente durante el Congreso de Banca Europea celebrado en Frankfurt la semana pasada.

En su intervención, el banquero central trataba la cuestión de la regulación bancaria y próximos pasos hacia la unión bancaria europea.  Tras la adopción de los acuerdos de Basilea III, Weidmann hizo hincapié en los nuevos requerimientos de capital que se van a exigir a los bancos privados, con un objetivo de ratio de capital del 8%.

Weidmann admite que la elevación de los requerimientos de capital constituye un trade off  entre una mayor capitalización de los bancos (al reducir su apalancamiento) y una menor concesión del crédito a la economía (al verse obligados a aumentar sus reservas de capital).  No obstante, considera que la regulación permite una evaluación de los riesgos  más objetiva y acorde con el proceso de unión bancaria en la que el Banco Central Europeo será el supervisor único de todo el sistema bancario europeo.

Sin embargo, aplicando el ejemplo de la ilusión de pavo, resulta fácil advertir el grado de arbitrariedad con que se toman las decisiones.  La evaluación de los riesgos de default (impago por insolvencia) con la que los bancos  establecen los diversos coeficientes de caja, liquidez y capital, está respaldada por la llamada “Ley de los Grandes Números”, que mide la probabilidad de que los depositantes retiren sus ahorros simultáneamente por encima de un determinado coeficiente. Dicha probabilidad es estimada en base a la experiencia del pasado.

La probabilidad de clase estimada a partir del teorema de Bayes establece que únicamente puede llegar a conocerse el comportamiento de la clase, pero no el comportamiento individual de sus elementos.  Gigerenzer considera que en el mundo de las ciencias sociales la probabilidad de clase no es adecuada y,  frente al concepto de riesgo matematizable, Gigerenzer prefiere hablar de incertidumbre, la cual no es matematizable ni por tanto asegurable en base a la experiencia de la Ley de los Grandes Números.

Las implicaciones de la economía de la incertidumbre sobre el sistema financiero han dado lugar a un rico e intenso debate sobre el modelo de reserva fraccionaria según el cual los bancos mantienen únicamente una pequeña fracción de los depósitos a la vista de los clientes como reserva, pudiendo utilizar el resto en la concesión de nuevos préstamos. La teoría austriaca del ciclo económico explica cómo este modelo supone el germen de los ciclos recurrentes de auge y depresión.

El economista Jesús Huerta de Soto analiza esta cuestión en su obra “Dinero, crédito bancario y ciclos económicos”:

“No puede acudirse al manido argumento de que “la ley de los grandes números” permite actuar con seguridad a la banca con reserva fraccionaria, pues la probabilidad de retirada atípica de depósitos no es, por su propia naturaleza, asegurable, dado que, como explica perfectamente la Teoría Austriaca del Ciclo Económico, el propio sistema de reserva fraccionaria genera endógenamente y de manera recurrente recesiones económicas y, por tanto, la necesidad de liquidar proyectos de inversión, devolver préstamos y retirar depósitos de manera masiva. Como conoce todo teórico del seguro, no son técnicamente asegurables, por razones de moral hazard, las consecuencias de un evento que no sea totalmente independiente de la existencia del propio seguro”

Por tanto, es preciso concluir que la incertidumbre no es asegurable en modo alguno, y que la regulación bancaria que tan vehementemente pretenden exigir los diversos organismos de supervisión no sirve de nada dentro de un sistema que origina una expansión artificial del crédito, adelantando el Día de Acción de Gracias.